Sigo siendo precursor del amor, nunca lo he negado, porque
no hay mayor prisión que un corazón cerrado. Si quieres saber algo, aún no te
he olvidado, y cómo hacerlo, si por cada pensamiento entregado, un amor
inspirado. Tal vez perdí la cordura, pero hay cierto placer en la locura que
sólo el loco conoce. Entonces, en aquel momento, alcancé a contar los pasos que
diste mientras te alejabas, para cuando mi orgullo dejase de cegarme, correr a
buscarte. Susurrarte, luego, que quien solo ve con los ojos es ciego, que
siguen habiendo misterios que son invisibles a ellos, miraste con el sentido
equivocado. Lo recuerdo perfectamente, el primer beso fue mágico, el segundo
íntimo, y el tercero, bueno quizás ese te pareció rutina. Pero te quiero, te
quiero tanto que si no quieres que te quiera pues no te quiero. A eso se le
llama amor. Está claro que no te voy a enseñar nada que no sepas, ni nada que
no quieras aprender, no es lo que pretendo. Pero hay algo que no puedes
olvidar, no hay que tenerle miedo al fuego, sino a las cenizas. Ahora, tan sólo
tengo una cadena, y es la que me ata a seguir escribiendo todo lo que siento. A
eso se le llama amor. Al fin y al cabo, si nada nos salva de la muerte, tengo
la esperanza de que el amor nos salve de la vida. Y si me preguntas que es este
amor deberé decirte que no lo sé, pero si le preguntas a este amor, él te dirá
quien soy yo.