Apaga, ¡apágalo todo ya! No sigas. He dicho que no sigas,
¡cállate! Calla de una vez y para siempre, no quiero volver a escucharte, tú y
sólo tú tienes la culpa de esto que me pasa. Mi mirada se pierde antes de
comenzar a buscar, sonrío porque no me quedan lágrimas que derramar, e ignoro
la vida por mera venganza, ella me ignoró primero. ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué
consigues con esto? No lo soporto más. Has hecho que ahora viva en una continúa
apariencia y te empeñas en convertir en prioridad lo que tanto me costó dejar
como experiencia. Pero no sólo te conformas con luchar contra mí, además
combates contra mi orgullo y lo sometes de tal manera que mis gritos de ira se
transforman en murmullos. Sólo dejas que el silencio me consuma, y entre las
dunas de este desierto sofocante, hundes, cada vez más, mis pies en la arena.
Cuando logro coger una bocanada de aire, llegas y me sumerges en las
profundidades de dónde tanto quiero salir, como si en el fondo del mismísimo
Pacífico me encontrase, sin aire, sumido en la completa oscuridad, y sin
posibilidades de lograr llegar a la superficie, la salida. ¿Tú nunca lo
comprenderás verdad? Te niegas a darte por vencido. Sigues ahí, al acecho del
mínimo detalle para volver a emprender la lucha, ahí en mi pecho, expectante y
a la vez guiándome incluso contra mi voluntad, egoísta corazón.
Todo final implica un nuevo principio!
jueves, 22 de marzo de 2012
jueves, 15 de marzo de 2012
Perderte...
Por primera vez, y dudo que sea la última, no se como
empezar. Tal vez sea porque no me gusta contar el principio de algo que espero
que no tenga final, pues en tal caso cada día sería el comienzo de algo único.
Aunque en realidad no tendría sentido relatarlo, ni yo tengo fuerzas para
hacerlo. Sólo sé que lo que esperaba que resultase lo más lógico acabó
convertido en una pequeña esperanza que cada día continúa reduciéndose un poco
más. Tengo muchas preguntas sin resolver, no se si necesito sentirte o siento
que te necesito. Quizás, ambas cosas.
Cada madrugada se me hace interminable recorriendo mi mente
en busca de la solución del problema, la “x” de la ecuación sin la cual el
avance resulta imposible. Mis ojos, mi ánimo, cada mañana sólo reflejan… en realidad
no lo sé. No creo encontrar la palabra que describa a la perfección lo que se
siente en un momento así. Al principio sentía una felicidad inmensa al verte
sonreír, una gran fuerza en mi interior me permitía luchar sin descanso y me
hacía pensar que todo valdría la pena. Luego se convirtió en impotencia, y que
sentir cuando tienes la seguridad de que tu destino está detrás de un muro, el
cual, por más que te esfuerces no logras derribar para conseguir lo que hay
tras de sí. Y ahora, sólo eso, una sensación indescriptible, pero una sensación
al fin y al cabo. Todo sería más sencillo si fuésemos más simples. Si te
encuentras vacío lo lógico sería no sentir nada, pero ya perdí la lógica. No
tiene sentido, intento recoger y eliminar los escombros de una obra que ni tan
si quiera ha comenzado a construirse. Convertí mis palabras en hechos, y no los
hechos en palabras, pero no fue suficiente. De todos modos lo intenté, aunque el
fracaso ahora me tenga reducido a la nada, porque es por eso por lo que parece
que he estado luchando, nada. Se supone que de lo malo es lo mejor, pero ni el
mayor optimista podría hallar el lado positivo de esto, perderte.
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