Una
vez más, como tantas veces antes, una más, pero a la vez tan distinta, inolvidable, a la vez que algo
pide a gritos que se extinga. Que fácil sería cerrar la ventana que da al
exterior, dejar de abrazar al miedo, dejar que susurre el interior al oído de lo que nunca debió marcharse de él
mismo, sellar el abismo que va dejando el camino. Imposible. Tal vez no es
fácil vivir aquí y ahora siendo frágil, una ágil mente, pero un lento corazón.
Duele caer cuando más alto crees que estás, cuando crees que nada te va a
derrumbar, entonces piensas en lo que te impulsó a llegar arriba, atravesando
obstáculos, pero en esta ocasión, lo que desapareció fue el camino bajo mis
pies. La piel, helada, los ojos, sumidos en un profundo vacío, provocando que
ya no quieran ni ver. Jamás hay que perder la esperanza decían, no la he
perdido aún, es sólo que ahora descansa, lo merecía.
¿Y
ahora hacia donde? A la deriva, a esperar un soplo de viento, a recobrar el
aliento, a quedarme en calma de nuevo, observando, sólo eso. Silencio, esa
sería la mejor compañía, aunque tan sólo fuesen un par de días. Luego
esperaría, ¿a que? No lo sé. Se que escogí muchas veces el camino equivocado, por
aire, mar y tierra, y cuando creí estar apunto de encontrar el válido, otra
puerta se me cierra. Ayer fue un día tan distinto a hoy, y mañana…bueno, para
ser sincero, a ese aún lo espero. Nunca dejé de caminar, ni creo que lo haga,
es sólo que ahora ya me canso, y creo que es la hora de parar y hacer un
merecido descanso.
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